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El Padre de la Salsa | Semblanzas de un Son

Semblanzas de un Son…

Hace algunos años, en el 2008, decidí tomar aquel viaje a la isla que ha dado origen y base a muchos de los ritmos caribeños que hoy hacen vida en diversos rincones del planeta. Lo que vivencié en aquel lugar, en apenas escasos días, fue una humanidad llena de talentos naturales que emergían de sus rostros, su caminar, sus cantos, sus danzas, su música. Participé ese año en aquella edición del “Baila en Cuba”, en dónde se reúnen excelentes bailarines de la isla, orquestas soñadas y bailadores de distintos países, ávidos como yo de aprender y experimentar muy de cerca aquello que forma parte de lo que los latinos somos hoy en día, eso que nos caracteriza y que vivimos profundamente. La verdad, encontré mucho más…

Conocí la salsa cubana, unos cuantos años antes, de la mano de excelentes bailadores tradicionales venezolanos (en los espacios de la Universidad Simón Bolívar, Caracas). Ellos, conscientes de lo importante que es la historia de las danzas que representamos, danzas de nuestro país, me mostraron e inculcaron que eso que expresamos a través de ella, tienen una fuente, un origen y una razón de ser que forma parte de su ejecución y le otorga identidad; y así apreciar de cada país, especialmente aquellos que tengo la suerte de visitar, la semblanza que nos cuentan su música y danza.

Con esto bien presente, recorrí los pasillos del Meliá Habana en aquel noviembre del año 2008, mientras mi mente, emoción, mi cuerpo y espíritu en resonancia se disponían a más que recibir nuevas vivencias. Despertar cada mañana se convirtió en un ritual lleno de alegría y entusiasmo por lo que sucedería cada día: talleres repletos con bailarines y músicos dispuestos a entregar muchos más que sus conocimientos, una vida que se expresa en cada poro, voces e instrumentos percutivos que vibran, movimientos cargados de historia, ondas expansivas que se cruzaban armónicamente.

El compartir iba más allá de este espacio, aquella era una ciudad entera que se detuvo en el tiempo. En el malecón, centro de La Habana, sus solares y entre calles; en medio de la humildad conviven el dolor y la alegría de ser quienes son. El viento traía voces que enamoran, caminares que danzaban naturalmente, miradas que hablan por sí solas, un agudo silencio entre líneas, entre risas, entre conversaciones. Sin embargo, absolutamente nada detenía lo esencial.
Las noches de aquel festival estaban llenas de orquestas, mucha timba, changüí, boleros y son. Un son que conocí aún más al danzarlo directamente e inmerso en otros ritmos: cercano, sinuoso y romántico; centros que se conectan, un masculino que propone y un femenino que confía y suelta, y en medio de esa conversación corporal sincopada, delicada e intensa a la vez, es difícil no recordar quienes somos. Escuchar el son nos hace evocar recuerdos, y danzarlo es convertirlo en cuerpo, hacerlo tangible, vivir el encuentro en un acto de entrega mientras se baila en pareja, lleno de sinuosidad, suavidad, pasión, seducción, elegancia, picardía, contacto…

Un poco de historia

El Son, cuyos inicios son propios del oriente de Cuba, se convierte con el transcurso de las décadas en una memoria que da base a otros ritmos como la salsa, el cha cha chá, la timba, el son montuno, mambo, entre otros.

En esa Cuba de mediados del siglo XIX, en distintas regiones del país, se gestaban encuentros musicales que se sincretizaban diferentes culturas como la española, la africana bantú y los originarios de aquella isla: mulatos, mestizos. El intercambio entre los esclavos negros, liberados en el año 1886 que se trasladaban a distintos solares de la Habana, y trabajadores de distintas regiones permitió que la rumba rural se encontrara con la rumba de la ciudad, formando barriadas de bajos recursos, pero ricas en expresión musical. De esta forma, guaracheros y rumberos que solían tocar el triple y el güiro se encontraron con otros rumberos que cantaban y bailaban acompañados del cajón y la clave, fusión que da finalmente origen al son.

Según investigaciones del musicólogo norteamericano Peter Manuel, la contradanza criolla cubana, basada en la contradanza europea, da estructura al son. Músicos mulatos y negros de mediados del siglo XIX introdujeron en ésta elementos rítmicos afro-hispanos, dando como resultado evolutivo una síncopa distintiva de melodías, presencia del patrón rítmico de la clave cubana, versificación prestada de canciones populares y canciones desarrolladas en dos partes.

Los grupos musicales pasaron de tríos, a cuartetos y luego a sextetos; estos constituido por tres, guitarra, bongó, claves, maracas y contrabajo. Luego se fueron introduciendo otros instrumentos que permitieron la internacionalización del son.

Danzar un son…

En la medida que la música fue surgiendo, igualmente su forma de danzarla. Previamente en los encuentros se bailaba la contradanza y el danzón. A diferencia de estos, el son era más atrevido: cuerpo a cuerpo, piernas entrelazadas y el movimiento sensual de las caderas femeninas que junto con el del torso marcan la síncopa propia de la rítmica sonera. Poco a poco se hizo más popular, tanto que aún se mantiene en el tiempo constituyéndose en uno de los ritmos latinoamericanos más influyentes.

Danzar un son es una experiencia inolvidable y única, y como no, requiere de coraje y mucha “sandunga”. Nada que la práctica continua y un cuerpo pleno de sentido no puedan alcanzar. Danzar un son nos retorna al origen de nuestras raíces, nos reconecta con aquello que somos y es importante recordar que el son es cadencia y sensualidad, roles que se complementan en casi perfecta conexión; es la expresión espontánea de un pueblo que hace de la música un espacio de encuentro de sus diversas culturas, llena de flexibilidad rítmica, profundo sentir y creación. Es un ritmo que permea nuestro ser haciendo vibrar nuestra herencia latina.

Siempre danza…

Y aquí estamos, desde Siempre Baile, trabajando en propuestas con sello propio, impulsados por la pasión de ofrecer un repertorio de opciones para convertir el lenguaje de la danza en el medio predilecto de expresión, disfrute y bienestar.

Conectados con nuestra esencia latina, nuestro estudio ofrecerá cursos diversos para quienes deseen invertir en un espacio de crecimiento y desarrollo de nuevas destrezas, compartiendo esto que nos identifica y nos hace únicos, alegres, genuinos e irrepetibles.

Embajadores de la vida, embajadores de la música y la cultura latina, embajadores de la danza.

Ana Rocio De la Torre

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